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Una muestra desaparecida de la arquitectura religiosa de Guadalcanal: La iglesia de San Antonio o de las Minas

Restos de las minas de Plata

Salvador Hernández González – RG año 2009

El patrimonio artístico y monumental de Guadalcanal ha ido perdiendo a lo largo de su historia muchos de los elementos que lo enriquecieron. Dejando aparte las pérdidas sufridas con las desamortizaciones del siglo XIX, las destrucciones de la Guerra Civil y los expolios y ventas de la recta final del siglo XX, algunos monumentos debieron desaparecer desde antiguo. Este parece ser el caso de la iglesia de San Antonio, que atendía las necesidades de los trabajadores de la Mina del Molinillo. Como los demás templos de la localidad, su atención y funcionamiento caían dentro del marco jurisdiccional eclesiástico de la Provincia de León de la Orden de Santiago, a pesar de ser un templo rural

La celda de Argumedo

La única referencia que hemos encontrado de esta ermita, es lo que aparece en el acta de los visitadores de la Orden de Santiago del año 1494. Según dicen, estuvo enclavada en las proximidades del arroyo Marcos y fue fundada por un franciscano llamado Hermano el Pobre. El templo constaba de una sola capilla, con retablo deficientemente pintado y algunas imágenes en mal estado de conservación; teniendo en sus inmediaciones una huerta con varios árboles frutales, que cultivaba el santero.

Ermita de San Pedro

Pocas noticias hemos encontrado de esta ermita de San Pedro. Según la visita de la Orden de Santiago de 1494, dicen que. Se encontraba próxima a la Celda de Argumedo. Al presente se acometían obras de restauración, ya que ciertas partes del edificio se encontraban en estado ruinoso. Los visitadores encomendaron al Concejo de la villa que contribuyese a estos gastos, que hasta ahora se estaban sufragando con el producto de las limosnas.

Junto al santuario había una casilla donde vivía el ermitaño. Ostentaba la mayordomía Ruy Gutiérrez.

Ermita de la Madre de Dios

El día de Navidad de 1508, los alcaldes don Hernán González Holgado y don Juan González Hidalgo pregonaron la llegada de la visita canónica a esta villa. Por ella conocemos la existencia de esta ermita de la Madre de Dios,

Estaba situada en el extramuros de la localidad. No había sino un frontal con un pequeño retablo, pobre y descuidado, con unos manteles y una lámpara. Carecía de mayordomo. Anejas tenía una casa y una huerta, con cuyo producto el ermitaño reparaba el santuario.

Ermita de Santa María de la Calera

Según hacen constar los visitadores de la Orden de Santiago en su visita canónica el año 1508ª, esta ermita estaba como a una legua de la villa, era un oratorio cuya mayordomía ostentaba Juan Jiménez, en poder de quien dejó la anterior visita –según se vio en el libro correspondiente- la cantidad de 3.971 maravedises. Declaró que había recibido 403 maravedises en concepto de limosnas, y que en la fábrica de la ermita había invertido cinco cahices de cal y 1.000 ladrillos, por lo que presentó un alcance del orden de los 3.334 maravedises y medio. Tras informe que los visitadores obtuvieron en razón de la competencia y honradez del referido mayordomo, fallaron que continuase en el cargo, con obligación de que hasta el día de la Virgen de Agosto, como fecha límite, invirtiera la totalidad del dinero en obras de reparo y edificación de la ermita, so pena de

Ermita de San Antonio de las Minas

La única noticia que tenemos de esta iglesia, aparece en una de las visitas de la Orden de Santiago.

En el poblado de la mina fueron recibidos por Martín López, quien decía ser contador y juez civil y criminal de todo lo concerniente al poblado y a la explotación minera. A su lado permanecía el padre Carrasco, clérigo de la Orden de San Pedro y capellán de la iglesia, que se ajustaba a la siguiente descripción:

            La dicha Iglesia es de una nave de piedra rajada. El cuerpo de ella es mediano. La techumbre de madera de castaño, alfarjías y ladrillos por tablas

            La capilla principal es de crucería de ladrillo. Al altar mayor se sube por tres gradas chapadas de azule­jos, en medio del cual estaba el Sagrario; a la parte del Evangelio está una imagen de santo Antonio de bulto entero y encima de él una imagen

Ermita de Santa Marina

A extramuros de la villa, como a legua y media de distancia, se localizaba la ermita de Santa Marina, en la dehesa del mismo nombre. La descripción de 1575 ya pone de manifiesto el lamentable estado de conservación que presentaba, por lo que no es de extrañar su inmediata desaparición:

Es una ermita sobre tres arcos de ladrillo y el arco toral. La techumbre es de madera de castaño y alfarjías y rocas por tabla La capilla mayor es de madera de castaño y alfarjías y ladrillos por tabla; delante una reja de palo quebrada y vieja.

En el altar mayor hay una imagen de Santa María de bulto entero en un tabernáculo.

Junto a la dicha ermita está todo alrededor un colgadizo de madera de castaño y roca por tabla y parte descubierto y al lado. el aposento del ermitaño.

Hospital de la Caridad

Estaba asociado a la cofradía del mismo nombre y se ubicaba en la Plaza Pública (se encontraba en la calle del mismo nombre y la calle Luenga), junto a la Iglesia Mayor. Se trataba de una enfermería mantenida gracias a las cuotas de los hermanos cofrades, más las limosnas que estos recogían por la villa cada viernes del año y, específicamente, durante la Semana Santa y en las festividades de San Francisco, Santa Ana y San Sebastián. Asimismo, disponía de varios censos sobre casas y tierras, cuyos réditos o corridos ascendían a 25.000 mrs. Junto al anterior, eran los únicos que seguían funcionando como tales instituciones hospitalarias a finales del XVIII.

Tenía este edificio, además de las habitaciones para atender a los enfermos y pasar consulta el médico titular, contaba con una capilla de bóveda de crucero octopartita de planta trapezoidal  y un arco triunfal apuntado, en el lado del

Hospital de San Bartolomé

De este hospital y ermita, tenemos noticias de su existencia porque el 26 diciembre de 1764, aparece la designación del mayordomo. Fue nombrado en esa fecha don Diego Maeda del Hoy. Contaba con cuatro habitaciones y el mismo número de camas para atender a los enfermos pobres.

El culto como ermita se reducía a misa y procesión en el día de San Bartolomé.

En la actualidad, todavía quedan restos de esta ermita en las casas que formaron el Hospital.

Hospital de Santiago

 El Hospital de Santiago quedaba junto a la parroquia de San Sebastián, bajo la protección de la cofradía del mismo nombre. Tenía como finalidad acoger a pobres transeúntes, a quienes les daban cobijo y ropas, así como una limosna alimenticia durante varios días.

Desde el punto de vista arquitectónico, la estructura del edificio respondía a los hospitales de la época: un zaguán con capilla, generalmente modesta en cuanto a ornamentos, que distribuía dependencias a uno y otro lado de un patio central.

Entre sus aposentos solía diferenciarse las habitaciones del casero u hospitalero, una cocina y los dormitorios de enfermos y pobres, todo ello rudimentariamente