La Almona

El edificio de La Almona fue una casa de bastimento perteneciente a la orden de Santiago y, en concreto, a su mesa maestral. Estuvo destinada al almacenaje de cereales y vinos. Debió estar como dependencia aneja al palacio del Comendador, ya que se encuentra junto al actual edificio del Ayuntamiento, cuyo solar albergó el citado palacio.

Es una construcción de planta ligeramente trapezoidal de sillería. Consta de dos plantas, formadas cada una de ellas por una nave con cubiertas de entramado de madera, sostenida la de la baja por arcos apuntados que arrancan del pavimento formando a modo de contrafuertes interiores. La cubierta de la parte superior es a cuatro aguas, hallándose sostenida por pilares alineados en el eje central de la nave. El frente de la construcción avanza en su parte derecha sobre la línea de fachada para servir de asiento a la rampa que exteriormente sirve de acceso a la planta superior. Las puertas de acceso a ambas plantas se superponen en el centro de la fachada; la de la planta baja es un arco apuntado de escasa altura, que apea en impostas constituidas por un toro y una gola. La puerta de la nave de arriba, precedida de un porche sostenido por pilares de ladrillos, es también de arco apuntado, más peraltado que el inferior, sobre sencilla moldura de cuarto de bocel. El edificio recibe la luz por estrechas saeteras, algunas de las cuales han sido ensanchadas con posterioridad a la primitiva edificación que, por sus características, especialmente por la proporción de los arcos, cabría colocar en fecha bastante remota, quizás en la primera mitad del siglo XIV”. El edificio mide alrededor de unos 29 m en línea de fachada por algo más de 11 m de fondo (sin contar la rampa).

En la parte alta del edificio, se encuentra una lápida con una inscripción que nos informa de que “esta casa” fue acabada en 1336 (restados los correspondientes 38 años a la fecha escrita, pues responde a la era hispánica) y mandada hacer por don Vasco Rodríguez Coronado, maestre de la orden entre 1327 y 1338”.

José Hernández Díaz, Antonio Sancho Corbacho y Francisco Collantes de Terán, lo describieron en su famoso Catálogo Monumental de la provincia de Sevilla, como el edificio más antiguo de estas características, en la provincia.

En la actualidad este edificio es propiedad privada, dedicándose la parte baja habitable al servicio de hostelería y la planta alta, a almacén de materiales varios.