Fotografías M. Barrera

Manuel Barrera Cobano

Se incorporó a la parroquia de Santa María de la Asunción el 24 de junio de 1957 y estuvo en Guadalcanal hasta finales de 1969. Aunque llegó con sotana, supo actualizarse con los tiempos y en los últimos años no recuerdo que llevara la sotana nunca, o en contadas ocasiones.

            No soy la persona idónea para valorar su trabajo pastoral, pero sí tengo que agradecer en nombre de toda la juventud de ambos sexos de aquella época, que cuando aún en los colegios existía la separación por género, él supo apoyar la idea de algunos jóvenes y de formar un Club Parroquial en el edificio de Los Milagros, donde anteriormente había estado instalado un colegio de formación profesional, y antes habíamos asistidos a nuestro respectivos colegios, con doña Victorina León Martínez y don Antonio Ochavo Trejo.

            Hasta esas fechas, el sistema para contactar los jóvenes con las jovencitas, era dar vueltas a los Mesones (calles Santiago, don Juan Campos, Muñoz Torrado y Mesones) e intentar que nos devolvieran el saludo, o por lo menos una sonrisa, cuando pasábamos a su lado. Ni qué decir tiene que para poder saludarlas, teníamos que dar la vuelta al revés que ellas, por lo que cada diez minutos nos volvíamos a encontrar. Más fácil era en el verano que todos nos veíamos en el paseo de El Palacio.

            La reunión de constitución del club parroquial se celebró en el edificio de San Vicente y a ella acudimos muchos jóvenes de ambos sexos. Se eligió a un presidente que fue Manuel Romero Oliva. También se comisionó a Antonio Valverde para que gestionara ante el Arzobispado el papeleo y en poco tiempo estuvo todo organizado. Se aprovecharon las mesas y sillas que habían dejado los de formación profesional, se compró un primer tocadiscos y así empezó este Club Parroquial.

            A partir de que se abrió el Club Parroquial en el año 1967, ya el contacto entre los jóvenes era diario, porque en poco tiempo teníamos de todo. Música, con los últimos discos del momento, juegos de mesas como el ajedrez, damas, el parchís. También un futbolín, libros que comprábamos todas las semanas (entonces tampoco había biblioteca), periódicos y revistas. Naturalmente no podía faltar, un bar, donde además de las cervezas, los domingos tomábamos los cubalibres con la famosa ginebra Green Fish, de naranja o de limón.

La verdad que fueron unos años que los recuerdo con cariño, porque a pesar de que no teníamos ninguna experiencia, aquello funcionó bastante bien. Además de las actividades del día a día, teníamos esporádicamente teatro leído o en escena, bailes los domingos y festivos (menos en la Cuaresma), elección de Miss Club, actuaciones de conjuntos musicales, excursiones, etc.

            En el club parroquial también se hacían bailes, pero el párroco –que casi siempre estaba presente- tenía un sistema de seguridad para cuando los bailes se descontrolaban un poco, así que cuando veía que había mucha unión, tocaba las palmas y decía: Ahora vamos a poner unas sevillanas. Y allí nos quedábamos esperando la canción que habíamos solicitado de los The Moody Blues y sus Noches de Blanco Satén o los Módulos con Todo tiene su fin o Hey Jude de The Beatles. Pero como decía al principio, su mérito tuvo don Manuel, que nos permitió –dentro de un orden- irnos preparando para lo que sería nuestra vida futura.

   Poco antes de morir dejó a su amigo Antonio Osorio, su álbum de fotografías de toda su vida sacerdotal, para que él las conservara. Muerto también Antonio Osorio, hemos pensado que aquí es el mejor lugar de conservarlas y tenerlas a disposición de todos los que estén interesados en ellas.+